Dicen que el frío de Valladolid se te mete hasta los huesos, pero entre el 29 y el 31 de diciembre ha llegado incluso a colarse por los ojos. Si alguien se despertó pensando que estaba dentro de una película de terror, no iba muy desencaminado, Arroyo de la Encomienda amaneció envuelto en una niebla tan espesa que bien podría haber sido la protagonista de la famosa novela ‘La niebla’, de Stephen King.
Durante esos días, la visibilidad se redujo de forma notable desde primera hora de la mañana, dificultando la circulación. Con la alerta amarilla activada, las condiciones meteorológicas obligaron a extremar las precauciones tanto a peatones como a conductores, especialmente en las vías de acceso y salida del municipio. Las temperaturas tampoco dieron tregua. En las primeras horas del día, el termómetro se situó por debajo de los 0 grados, con riesgo de nieblas engelantes. Un cóctel perfecto para reforzar el apodo que muchos vecinos ya le han puesto a estos días: ‘Arroyo Polar’.
A lo largo de la mañana, la imagen se repetía en distintos puntos del municipio, calles cubiertas por una bruma espesa, farolas apenas visibles a unos metros de distancia y un silencio poco habitual, solo roto por el sonido de los coches circulando con cautela.
En una provincia donde el invierno se vive con bufanda, guantes y mucha paciencia, este fenómeno no ha pillado a nadie por sorpresa. Un escenario gris, silencioso y helador, un episodio más que no será el último, en una tierra acostumbrada a convivir con las bajas temperaturas, que confirma, una vez más, por qué Arroyo, el frío y la niebla siempre van de la mano.


