Hay vidas que se quiebran en un instante y, sin embargo, no se detienen. La de Sebastián Nogales es una de ellas. Durante casi veinte años fue policía, hasta que un atentado terrorista cambió su rumbo para siempre. Las secuelas físicas de aquel ataque le impidieron volver a ejercer su profesión, pero no apagaron su compromiso. Al contrario: lo transformaron. Desde 2021, Nogales preside la Asociación de Víctimas del Terrorismo de Castilla y León (AVTCyL), una entidad nacida en 2015 para dar voz propia a todos los afectados por el terrorismo.
¿Qué le llevó a implicarse en la defensa de las víctimas del terrorismo y asumir la presidencia de la AVTCyL?
La asociación es de nuestra tierra, de ámbito autonómico. Aunque existía una asociación a nivel nacional, en Castilla y León fuimos de las últimas comunidades en institucionalizar una propia. Esto se logró en 2015. Yo ya era miembro de la asociación cuando falleció su fundador y anterior presidente, Juan José Aliste. En ese momento decidí coger las riendas de la asociación, mantener prácticamente a toda la junta directiva y seguir adelante.
¿Cómo ha influido en su vida personal y profesional esta labor?
Es un trabajo muy concienzudo. Empezamos prácticamente desde cero: no teníamos sede, apenas contábamos con 30 o 40 asociados. Hoy disponemos de un local que nos ha cedido el Ayuntamiento de Arroyo de la Encomienda, lo que nos permite realizar reuniones y entrevistas con víctimas en un entorno adecuado. Esta labor implica una dedicación constante y mantener viva la memoria de todas las víctimas del terrorismo, independientemente del tipo de terrorismo. Como víctima directa, al principio es doloroso, pero el trabajo que hacemos dignificando a las víctimas y colaborando con instituciones autonómicas, locales resulta también reparador.
¿Cómo funciona actualmente la asociación?
Realizamos una labor muy importante de visibilización, aún queda mucho por hacer, contamos con programas de colaboración con el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, así como convenios con las universidades de Valladolid, Salamanca y Burgos, además de con la Junta de Castilla y León y distintas diputaciones. Este año acudiremos a unos 60 institutos, donde las víctimas explicarán en primera persona lo que ha sido el terror en España. Además, presentaremos nuestro primer documental, dedicado a un fotoperiodista de Urueña que ha cubierto más de 40 atentados terroristas. Se proyectará en la universidad, que es donde debe estar: ante periodistas, juristas, criminólogos y jóvenes que apenas conocen esta etapa de nuestra historia. Es fundamental que sepan qué fue el terrorismo y lo que supuso para este país.
¿Cree que la sociedad está perdiendo la memoria del terrorismo y de sus consecuencias?
Sí, claramente. Desde mi punto de vista existen tres tipos de memoria: la memoria personal, basada en las vivencias; la memoria colectiva, que transmitimos a la sociedad a través de charlas, y la memoria histórica, que es la documentada cronológicamente.
Todo lo que no se recuerda se acaba olvidando, y no estamos para olvidar algo que ocurrió hace relativamente poco. No solo se trata de recordar lo que hizo ETA, sino de tener presente que en España sigue existiendo el terrorismo yihadista, con atentados en Madrid y Barcelona que han causado cientos de víctimas.
¿Cuáles son las objetivos de la asociación de cara a los próximos años?
Una de las principales prioridades es el ámbito educativo. El trabajo que estamos realizando en institutos y universidades es fundamental para que las nuevas generaciones conozcan la historia reciente de nuestro país.
También seguimos luchando por el desarrollo de la ley autonómica de víctimas del terrorismo, aprobada en 2017 pero que sigue sin aplicarse adecuadamente. Muchas de sus medidas han quedado obsoletas.
Además, me gustaria que hubiera un plan de relevo que garantice la continuidad de esta tarea de memoria, recuerdo y asistencia al grupo humano que representamos.
¿Ha sentido el apoyo de la sociedad en los último años?
Sin el apoyo de la gente y de los colaboradores, lo tendríamos muy difícil. Yo he sido policía, me siento policía y tengo conocimientos jurídicos relacionados con mi profesión, pero la administración, los medios de comunicación y las universidades tienen lenguajes distintos. No soy político, ni docente, ni periodista, y aunque intento estar a la altura, es imprescindible contar con colaboradores de todos esos ámbitos. Gracias a ellos, la asociación puede seguir adelante y cumplir su función.
