Existe un pequeño lugar en Arroyo de la Encomienda en el que ningún niño se queda fuera. Allí, los juegos, la música y la rutina se convierten en diversión y aprendizaje.
Ese lugar se llama Arroyo Inclusivo, y nació de la unión de varias familias que entendieron que la inclusión se crea paso a paso, entre talleres, juegos y risas. Hoy agrupan cerca de 50 familias, que construyen, paso a paso, un espacio real de integración para niños autistas y otras discapacidades. Pero el origen no fue una estrategia ni un proyecto institucional. Fue una necesidad.
«La idea surgió en el Aula de Apoyo CLAS del K@ntica, las profesoras y orientadoras nos animaron a llevar a cabo esta iniciativa», ha explicado José Luis Santamaría, presidente de la asociación.
Ese aula específica dentro del centro educativo permite que los alumnos con necesidades educativas especiales compartan parte de la jornada con el grupo de referencia y parte en un espacio adaptado. Un modelo de inclusión dentro del colegio.
Falta de oferta
Más allá del colegio y las terapias, no había nada. Ninguna actividad deportiva adaptada, ningún espacio de ocio pensado para ellos. «Nuestros hijos a una actividad ‘estándar’ no pueden ir. En muchos casos los monitores no saben cómo interactuar con ellos, no tienen esa formación», explica José. Su hijo, por ejemplo, no tiene lenguaje hablado y se comunica a través de sistemas de comunicación alternativa mediante una aplicación en un iPad. «Si quien está con él no entiende eso, no sabe cómo comunicarse». La exclusión no siempre es visible. A veces es simplemente que nadie sabe qué hacer.
En fiestas escolares o actividades de pueblo, la situación se repetía, buena voluntad, pero desconocimiento. «No saben cómo son, cómo actúan, y si surge algún problema no saben cómo gestionarlo, el problema viene desde la base», añade. Ante esa realidad, las profesoras del colegio fueron quienes los animaron a dar el paso. Y lo dieron
Primeros pasos
La primera idea fue institucional, pedir a las administraciones que tuvieran en cuenta que estos niños existen y que necesitan ocio adaptado. Pero pronto entendieron que tenían que empezar por ellos mismos.
«Como no hay oferta y nosotros somos quienes mejor los conocemos, decidimos crear algo para poder organizar ese tipo de actividades”. Así empezó Arroyo Inclusivo.



Aunque la mayoría de los niños de la asociación tienen autismo, la asociación está abierta también a niños con otras discapacidades o sin necesidades especiales ya que el objetivo no es crear un espacio aislado.
«Lo ideal es hacer actividades en las que jueguen y se relacionen con niños que no tienen necesidades especiales, o que en las propias actividades se les integre con ellos». La razón es sencilla «Los niños sin necesidades especiales conocen que hay gente diferente y aprenden que forman parte de la sociedad. Y los nuestros ven también todo el arco de personas que hay. Si no se juntan, corres el riesgo de que no se integren o llegar a pensar que todos son iguales. Y no es así».
Comienzan las actividades
Los viernes se convierten en días especiales para los niños, se organizan talleres donde participan en juegos, arte y cuentacuentos, siempre con monitores formados y con experiencia en necesidades especiales.
Además, durante estos meses han organizado un taller de música, excursiones como la visita a las Cortas de San Blas, actividades en Gekoaventura, taller de cocina o incluso cine con amigos. Experiencias sencillas pero que para muchos suponen algo excepcional, poder participar sin miedo, sin miradas incómodas.
«Los niños vienen encantados y se lo pasan muy bien», cuenta José. Hoy son alrededor de 50 asociados, principalmente familias, aunque también hay profesionales y personas que, aun no teniendo hijos con necesidades especiales, han querido implicarse. Y algo está cambiando. «Al principio éramos el núcleo fundador los que organizábamos todo. La gente venía, dejaba a los niños y ya. Ahora se están implicando más, ayudan con conocidos, proponen actividades. Está empezando a despegar poco a poco».
Respaldo institucional
Uno de los pilares de este crecimiento ha sido el respaldo del Ayuntamiento de Arroyo de la Encomienda. El convenio con el alcalde, Sarbelio Fernández, y la concejal de Familia, María Ramajo, ha supuesto un impulso importante.
A ello se suman colaboraciones con negocios locales que ofrecen descuentos o colocan huchas solidarias para financiar actividades. El Club Trampolín Arroyo, por ejemplo, ha creado grupos especiales para ellos.

El día a día que no se ve
La vida de un hijo autista o con necesidades especiales no es lineal. Es, como define José, «muy volátil».
«Depende mucho del niño y de la época. Mi hijo necesita mucha rutina. Cuando llegan las vacaciones pueden ser problemáticas, es bastante estresante».
En vacaciones, muchos campamentos aceptan a estos niños. Pero aceptar no siempre significa estar preparados. «Los monitores tienen la mayor voluntad del mundo, pero necesitan formación y experiencia. Hay situaciones que no sabían solucionar. No es suficiente con ser una persona más». Por eso uno de los objetivos de la asociación a futuro es ofrecer actividades también en periodos vacacionales, para mantener rutinas y ofrecer espacios seguros.
Más allá de la infancia
Ahora mismo el foco está en la infancia. Pero esos niños crecerán. «Nos gustaría ampliar el rango de actividades para llegar a adolescentes y adultos». También quieren poner el foco en las familias. Criar a un hijo con necesidades especiales implica una carga emocional y organizativa añadida que nadie enseña a gestionar.
«Nos gustaría hacer talleres de autocuidado, salud mental, yoga, que venga algún profesional que nos ayude a saber cómo afrontar el cuidado, cómo nos sentimos. Ser padres ya es complicado, y esto es una carga añadida».
En esa línea, el respiro familiar aparece de manera urgente, que los niños puedan quedarse con monitores formados para que los padres tengan tiempo para descansar, cuidarse o simplemente hacer gestiones sin depender de otros familiares.
Creando comunidad
Hoy, lo que empezó como cuatro familias comienza a crecer. Una comunidad donde los niños encuentran su espacio, y donde los padres encuentran algo igual de importante, comprensión.
La inclusión no es solo adaptar. Es entender que estos niños no necesitan caridad ni sobreprotección. Necesitan oportunidades, personas formadas y espacios donde puedan ser simplemente niños.
