Para muchos un perro puede ser una simple mascota, para Jordi Recio Sanz, los perros son su vida entera. Desde que era pequeño ha estado enamorado del bulldog francés, una raza que le marcó para siempre y que hoy se ha convertido no solo en su pasión, sino también en su proyecto.
Jordi Recio Sanz, vecino de Arroyo desde 2010, lleva más de siete años vinculado al mundo canino. Su especialidad es el bulldog francés exótico, una línea mucho más reciente que la estándar y todavía en proceso de desarrollo. Se dedica tanto a la cría y selección como a la competición, con el objetivo claro de mejorar la raza y depurar sus líneas.
Su historia en este ámbito comenzó cuando se mudó a Arroyo y adquirió su primer bulldog francés, un ejemplar estándar, «el típico vaquita de toda la vida», como él mismo lo describe. Aquel perro le marcó profundamente por su carácter. A partir de ahí empezó a introducirse en el mundo de la cría y los concursos, aunque fue durante la pandemia cuando dio el paso hacia una dedicación más profesional.
Desde ese momento comenzó a buscar ejemplares exóticos de calidad, algo especialmente complicado en una variedad que apenas cuenta con 25 años de trabajo, frente a los más de 200 años de desarrollo del bulldog francés estándar.
Pionero de éxitos
Desde hace tres años compite a nivel nacional dando el año pasado el salto a Europa. Ha sido el primer criador español en ganar un premio a nivel europeo. Un logro que consolidó su nombre en el circuito, proclamarse campeón en uno de los registros más prestigiosos, la categoría Champion de la American Bully Kennel Club (ABKC). «He llorado como un niño pequeño», reconoce al recordarlo. Para él, estar compitiendo codo con codo con algunos de los mejores bulldog francés de Europa y alzarse con ese reconocimiento ha sido un logro impensable y el mejor día de su vida dentro del mundo de la cría.
Salud como prioridad
En su trabajo como criador, Jordi tiene claras sus prioridades. En el bulldog estándar, explica, el foco está en la estructura y la morfología, dejando de lado el color, que es lo que más diferencia al exótico. En este último caso, el objetivo es que se parezca lo máximo posible al estándar, buscando salud. «Un perro sin una buena salud, aunque sea el mejor del mundo, no es valorable», afirma.
Mucho más que criar
Sus perros, comen carne picada de ternera, salmón y pienso de alto rendimiento. En época de competición, la alimentación es aún más exigente. A ello se suman vacunas, desparasitaciones y numerosas pruebas de salud previas a la cría. «Una cifra no podría reflejar todo el trabajo y la dedicación que conlleva», insiste.
Más allá de premios y cifras
Sus perros ocupan un lugar central en su vida. «Son como mis hijos», afirma.
Duermen con él cada noche y ante cualquier síntoma acude al veterinario. Agradece especialmente la labor de Ana, de WeCan Agüera, su clínica de confianza desde que abrió su centro en Arroyo. La pérdida de Batista, uno de sus perros, fue un golpe muy duro. «Perder a un perro es algo muy doloroso», reconoce, porque pasan con él cada momento, vacaciones, viajes y rutina diaria. Entre sus próximos objetivos está organizar un gran evento canino en el municipio para acercar el mundo de la competición a los vecinos.
También quiere romper el estereotipo del criador que vive de los perros sin trabajar. Asegura que, si hiciera cuentas al detalle, en muchas ocasiones perdería dinero.
Amor incondicional
Para Jordi Recio, la cría no es un negocio fácil ni un simple pasatiempo. Es dedicación, inversión, sacrificio y, sobre todo, una pasión que comenzó en la infancia y que hoy le ha llevado a lo más alto de la competición europea.
