El rugby volvió a demostrar por qué emociona tanto. Los Arroyo Lions cerraron la temporada con una derrota por la mínima (34–33) ante Palencia Rugby, en un partido vibrante, de esos que se deciden en el último suspiro.
La primera mitad tuvo color visitante, Palencia impuso su ritmo y se marchó al descanso con un claro 24–7. Pero si algo ha definido a los Lions esta temporada es su carácter. Tras el paso por vestuarios, el equipo reaccionó con orgullo, fe y determinación, firmando una remontada espectacular hasta colocarse 28–24 y volver a creer.
El golpe de Palencia para el 34–28 parecía definitivo, pero este equipo nunca se rinde. En la última jugada, cuando el tiempo ya se escapaba, los Lions encontraron el ensayo que les dejaba a un solo punto. La transformación, desde una esquina imposible, no quiso entrar. El marcador final reflejaba un ajustado 34–33… pero el verdadero desenlace del día iba mucho más allá. Porque entonces llegó el momento que todos esperaban.
Tras el pitido final, Sotoverde se convirtió en una fiesta. Jugadores, cuerpo técnico y afición se fundieron en uno cuando los Arroyo Lions fueron coronados campeones de liga. El trofeo, alzado al cielo entre aplausos y sonrisa, simbolizaba mucho más que un título, era el premio al esfuerzo a toda una temporada.
Un final agridulce en el marcador, pero inmenso en significado. Un día de orgullo para los Arroyo Lions , que celebran, junto a su gente, un segundo campeonato consecutivo que ya forma parte de su historia.


